Los últimos días del otoño sefardí en Córdoba

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Cuando Lorca pisó Córdoba por primera vez, la definió como "lejana y sola". Pero los cordobeses, en los últimos años, se han encargado de que ese calificativo solo quede enmarcado en el glosario de un poema. La ciudad sefardí se mantiene a la sombra de su icono legendario, la mezquita-catedral, constituyéndose como una urbe milenaria a escala humana, cuyo monumental conjunto histórico puede ser recorrido fácilmente a pie con paradas en plazas llenas de encanto. El otoño es una época ideal para visitarla.

Apasionados de la cultura y la historia encuentran en este lugar un referente universal, declarado patrimonio mundial. Más allá de la mezquita, la sinagoga, el alcázar de los Reyes Cristianos, el puente romano o la torre de la Calahorra, su encanto también reside en los palacetes renacentistas, iglesias medievales y una arquitectura popular que acoge los patios más lindos de España.Aunque existe una ruta que se ha puesto de moda en los últimos años: el paseo por la judería. Un recorrido diferente fuera de los circuitos convencionales. Córdoba ofrece multitud de sensaciones inclasificables como hija de las culturas que la han habitado. A continuación, el repaso. 

 

La Casa de Sefarad

La Casa de Sefarad está enclavada en el mismo corazón de la judería de Córdoba. La huella material de los judíos queda reflejada en su judería y sinagoga. A pesar de su expulsión, los sefardíes han sabido mantener su memoria. Una de las personas encargadas de rescatarla ha sido Sebastián de la Obra: bibliófilo empedernido que ha fundado un centro de documentación con una importante colección bibliográfica relacionada con Sefarad y Al-Ándalus. Una visita ineludible donde De la Obra ofrece rutas guiadas por la casa en las que canta y declama textos mientras numerosos turistas le siguen para saber más sobre los sefarditas.

La Casa de Sefarad, frente a la sinagoga de Córdoba, hace justicia histórica recuperando un legado todavía vivo. Puente entre el pasado y el presente de la cultura judía, pretende rescatar costumbres, tradiciones, actitudes y gestos que emergen en lo festivo, lo alimentario o lo coloquial. “Aunque resulte difícil explicarlo, este centro de cultura es versátil y sus pretensiones son siempredar a conocer retazos con vida de esta ciudad", asegura a este medio De la Obra. Lo cierto es que este bello centro privado, instalado en lo que fue una casa mudéjar, se ha convertido en un referente de difusión y dinamización cultural de la ciudad.

Maimónides y la huella de la judería
Maimónides y la huella de la judería

Su exposición permanente posee salas dedicadas a la vida doméstica, a las mujeres de Al-Ándalus, a la judería de Córdoba, a los ciclos festivos, a su música, etc. Para ello, vitrinas con piezas e instrumentos musicales acercan al visitante a los principales momentos y sonidos de fiestas judeo-sefardíes, así como la indumentaria, el menaje de cocina, ajuares y joyas. En la segunda planta, el libro hebraico por excelencia, el Sefer Torá, preside la sala de la sinagoga. Maimónides, figura cumbre del pensamiento judío, fue homenajeado por su ciudad hace 46 años con una efigie y una pequeña plaza cercana a la Casa de Sefarad.

"A través de una biografía gráfica, se recorre la obra, vida y legado de los que habitaron esta tierra. También tenemos nuestro espacio de la inquisición y la persecución de los conversos, los judíos convertidos al cristianismo que mantuvieron sus creencias. En enero haremos un homenaje al holocausto. Este año al romaní y a todas las personas que ya nos dejaron y fueron perseguidas”, explica De la Obra. El patio, la biblioteca y el entorno de la Casa de Sefarad siguen manteniendo una estudiada programación cultural que acoge a las figuras más relevantes del pensamiento y del panorama artístico judeo-sefardí en coloquios internacionales, tertulias, conferencias especializadas, presentaciones de libros, ciclos musicales, talleres, jornadas, recitales y obras teatrales. La Casa de Sefarad de Córdoba tiene en su haber la medalla de Andalucía.

Vida en el barrio de la judería

En las esquinas blancas del barrio de la judería estalla la vida y el colorido durante el día, su particular luz de ocaso invita a pasear por esa red de solitarias y laberínticas calles, aptas para la inspiración. Solo hay que seguir las muescas doradas que hay clavadas en el suelo de la calzada para recorrer las quebradas callejuelas, salpicadas de tabernas hasta enlazar con la plaza de las Tendillas. La visita a la judería de Córdoba permite seguir un recorrido diferente fuera de los circuitos convencionales. Al paso de las muescas doradas se va descubriendo los rincones que guardan intacta la memoria medieval de la ciudad de las tres culturas.

La calle Judíos, donde se suceden la sinagoga, la Casa de Sefarad, el zoco y la plaza Tiberiades, constituye el núcleo esencial de una visita que reconstruye a la perfección la historia de la comunidad en la que nació el personaje de proyección universal Maimónides. Los límites de la judería actual van desde la puerta de Almodóvar hasta la mezquita-catedral, el antiguo alcázar andalusí, al sur. La calle Rey Heredia marcaba la frontera del barrio por el este, lindando con la muralla por el oeste. Coinciden estos límites, por tanto, a grandes trazos con las calles Judíos, Albucasis, Manríquez, Averroes, Judería, Almanzor, Tomás Conde, Deanes, Romero, y las plazas del Cardenal Salazar, Judá Leví y Maimónides.

Una de las pinturas que decoran la Casa de Sefarad
Una de las pinturas que decoran la Casa de Sefarad

El actual barrio de la judería se separó del resto de la ciudad por un recinto amurallado que aislaba a sus habitantes. Una de las puertas de este recinto era la del Malburguete, ubicada frente a la mezquita-catedral, al inicio de la actual calle Judería. A lo largo de los siglos, los sefarditas también vivieron en otras zonas de la ciudad. Más tarde, Alfonso X el Sabio ordenó en 1272 cerrar el barrio de la Judería, obligando a los judíos a vivir dentro del mismo y creando con ello la judería en torno a la mezquita que hoy conocemos.

¿Dónde dormir? Corredores porticados, patios floridos, habitaciones con vigas de madera... Así es, en esencia, el hotel Casas de la Judería. Un histórico rincón que inspira sosiego y encanto además de destilar historia. En sus habitaciones, triunfan los cabeceros de cordobán, fabricados a través de una técnica artesanal de la zona que se ha conservado durante siglos.

¿Dónde comer? La identidad sefardí también se traslada a la gastronomía. En concreto a Casa Pepe. Desde este local, a la entrada del barrio de la Judería, se encuentra este pequeño templo de la gastronomía cordobesa. Sus berenjenas con miel o su carpaccio de esturión de río son dos de sus básicos gastronómicos. Aunque no es el único sitio. 

En Casa Mazal también tratan con mimo la tradición culinaria de Sefarad. Su carta es producto de una investigación de las tradiciones sefardíes de la cuenca del Mediterráneo y no incluye platos cuyo ingrediente sea la carne de cerdo ni aditivos restringidos por la tradición judía.

Amparo de la Gama, Vanitatiss