Cuando ser judío es la moda

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Una sencilla pregunta, asignada a los niños, revive cada año la épica bíblica acerca de la esclavitud del pueblo judío en Egipto y, especialmente, de la milagrosa huida hacia su emancipación: “¿Por qué esta noche es diferente de todas las noches?”.

Da inicio así el relato del Éxodo durante el ritual del Séder de Pésaj celebrado este fin de semana en Miami y el resto del planeta. La cena reúne a las familias en torno a una mesa servida con hierbas amargas y el pan de la aflicción (matzá), expresiones simbólicas de la opresión y de la libertad física y espiritual. De generación en generación, no obstante las variadas costumbres culinarias y rituales, se consuma el mandato de verse uno a sí mismo como si recién saliera del yugo de los faraones. Somos protagonistas; no espectadores.

Aquella opresión marcó el comienzo de una sangrienta historia de rechazo, exclusión, prejuicio, destierro, persecución, inquisición, pogromos y exterminio. De tal manera que, por siglos, hubo hebreos forzados a evocar en secreto su nacimiento como pueblo soberano, ocultos en algún sótano a luz de vela; o a variar la fecha prescrita por el código rabínico para coincidir con la Pascua cristiana. El miedo devoraba sigilosamente sus penas. La práctica religiosa era un acto de valentía –por la gloria de Dios.

El mundo ha cambiado bastante, y para bien, pese a que el antisemitismo continúa, sobre todo en Europa y Oriente Medio. No solo pueden los judíos respetar, a la luz del sol, sus exigentes y exuberantes tradiciones. Incluso aflora un gran movimiento de gentiles que anhelan integrarse –o reintegrarse, pues por sus venas sangre judía corre– a esta milenaria nación enlazada, no por un dogma, sino por un pasado que pervive como herencia. Y por un inescrutable destino compartido.

El viernes pasado asistí a una sinagoga en Miami Beach donde, dentro del servicio litúrgico del Sabbat, se ofició un emotivo rito de conversión al judaísmo. El hombre de origen ecuatoriano relató las fuentes de su inspiración y su admiración por la cultura hebraica. De hecho, tengo amigos conversos y conozco a muchos otros que, si bien las autoridades del Gran Rabinato de Israel jamás los reconocería como tales, se sienten judíos simplemente porque algún antepasado suyo lo fue. Hay, asimismo, creyentes criados bajo el manto del cristianismo, quienes descubren, tras una esmerada investigación genealógica, raíces hebreas en su árbol familiar.

También existen judíos cuya identidad religiosa no es del todo clara. En su biografía oficial de la Cámara de Representantes de Florida, el hoy aspirante al Senado federal Carlos López-Cantera se reconoció como católico en 2010. Dos años después, en el Manual de la Secretaría no registró filiación religiosa. Nombrado vicegobernador estatal, un reportero lo interrogó sobre su religión. “Prefiero no estar definido de esa manera” respondió. Tiene razón: nuestras creencias no determinan quiénes somos. Este año, empero, reveló públicamente ser judío. Lo es su madre, y según la ley rabínica, el linaje se transmite a través del vientre materno. Días atrás, tuvo la dicha de celebrar tardíamente su Bar-Mitzva, el rito de inserción de un varón de 13 años a la adultez, frente al resplandor del Muro de las Lamentaciones.

La identidad de Bernie Sanders, el primer judío que triunfa en contiendas a la nominación presidencial –señal de que Estados Unidos ha borrado el estigma doloroso e injusto–, también ha sido tema controversial en círculos de la comunidad hebrea críticos de su reticencia a mencionar su fe. Hasta que por fin manifestó al mundo lo que a sus antepasados costó la vida: “Estoy muy orgulloso de ser judío”.

De acuerdo a las enseñanzas talmúdicas, la generación de israelitas que salió de Egipto y recibió las Tablas de la Ley al pie del Monte Sinaí sumó 600,000 hombres en compañía de sus esposas e hijos. El genial cabalista italiano Rabí Moshé Jaim Luzzato (1701-1747) escribió en su obra Derej Hashem (El camino de Dios) que cada judío está intrínsecamente conectado a una de aquellas almas fundacionales. ¿Lo estarán también quienes hoy se sienten judíos en el corazón, pero en papel timbrado no lo son?

Escritor venezolano, periodista, biógrafo y cronista de Miami.

Daniel Shoer Roth, El Nuevo Heralds