Los Cabalistas

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En los últimos capítulos relatamos los eventos de la historia judía que ocurrieron durante un período conocido como el Renacimiento (de 1350 a 1650).

Durante ese tiempo vimos: un resurgimiento del conocimiento clásico y la disminución del poder de la Iglesia, el advenimiento de la Inquisición Española y la expulsión de los judíos en varios países, el crecimiento del protestantismo como una nueva rama del cristianismo, la Era dorada de la judería polaca y las masacres ucranianas de Bogdan Chmielnicki (ver capítulos 48, 49 y 50).

¿En qué estaba el mundo judío cuando el Renacimiento se acercaba a su fin?

Geográficamente, cerca de la mitad de la población judía estaba en Medio Oriente, con una gran concentración en Turquía y en las tierras del Imperio Otomano. La otra mitad estaba en Europa, con una gran concentración en Europa Oriental (Polonia, Ucrania y Lituania).

No estamos diciendo que todos los judíos vivieran en esos lugares; de hecho, había judíos literalmente en todo el mundo, pero dado nuestro objetivo de brindar un ‘curso rápido de historia judía’, nos enfocaremos en los grandes centros de población judía.

El Imperio Otomano

En el año 638 (seis años después de la muerte de Mahoma), cuando el Califa Omar invadió Jerusalem, la Tierra de Israel pasó a estar en poder de los musulmanes. La única excepción a este dominio fue la breve incursión de los cruzados (1099-1187), e Israel continuaría en manos musulmanas hasta el final de la Primera Guerra Mundial, en 1917.

Durante los años del Renacimiento, desde 1516 en adelante, este poder musulmán le perteneció al Imperio Otomano, cuya sede estaba en Estambul. Es importante notar que, a pesar de haber sido musulmanes, los otomanos no eran árabes, sino turcos.

Tradicionalmente, los turcos siempre fueron buenos con los judíos. Ya vimos cómo después de que fueran expulsados de España, el Sultán Bayezid II les dio la bienvenida a las tierras otomanas, declarando: “Me dicen que Fernando de España es un hombre sabio, pero es un tonto, porque toma su tesoro y me lo envía todo a mí”.

Con la expansión del Imperio Otomano, los turcos llegaron a Israel, y fue el más grande de los sultanes otomanos, conocido como ‘Suleiman el Magnífico’, quien reconstruyó los muros de Jerusalem.

Es fascinante que Suleiman sea la versión árabe del nombre Salomón, y que sus paredes definan los límites de la Ciudad Vieja de Jerusalem hasta hoy en día.

En esta época muchos judíos comenzaron a volver a la Tierra de Israel, particularmente a la ciudad de Tzfat (en ocasiones escrita Safed). En menos de 100 años, la población de Tzfat creció desde unas meras 300 familias hasta 10.000 personas, conformando en ese entonces la mayor población judía de Israel.

Y fue durante esa época que se crearon en Tzfat algunas de las contribuciones más asombrosas a la erudición judía.

Primero debemos mencionar a Rav Yaakov Berav (1475-1546), cuya importancia radica en que intentó hacer algo que el mundo judío no había hecho en más de 1.000 años: trató de instituir nuevamente la semijá, la ‘ordenación rabínica’. La semijá es una ordenación rabínica adecuada que puede trazarse en línea directa, de maestro a estudiante, desde Moshé Rabeinu. Había sido interrumpida durante las persecuciones romanas. Los rabinos continuaban siendo “ordenados”, pero estas ordenaciones no eran ni adecuadas ni oficiales, de acuerdo a la forma en que la ley judía requiere que lo sean.

Basándose en una declaración de Maimónides, Rav Berav pensó que, si era apoyado por todos los rabinos de Israel, podría volver a hacerse de forma adecuada. Él mismo sacó la ordenación, y también lo hicieron otros pocos eruditos, pero el intento de instituir nuevamente la semijá no fue exitoso. Los rabinos de Jerusalem no la reconocieron y, hasta este día, la ordenación rabínica es sólo simbólica.

Uno de los pocos rabinos a los que Rav Berav le dio semijá fue Rav Iosef Karo. Rav Karo (1488-1575) estuvo entre los judíos que fueron expulsados de España, y atravesó Europa y Turquía para finalmente terminar en Tzfat. Allí escribió uno de los libros más importantes del judaísmo: el Shulján Aruj (‘La mesa preparada’), que es un código de ley judía que se mantiene vigente hasta la actualidad.

Previo a Rav Iosef Karo, Rav Yaakov ben Asher (conocido como el Tur) había intentado organizar la ley judía en un libro llamado los Arba turim (Cuatro secciones). Rav Iosef Karo tomó el Arba turim y pasó 32 años escribiendo un comentario a este libro, que llamó Beit Iosef (Casa de Iosef), el cual posteriormente concentró en el Shulján Aruj.

Rav Karo era sefaradí, y Rav Moshé Isserles (más conocido como el Ramá), un rabino polaco de Cracovia, escribió un comentario ashkenazí al Shulján Aruj (ver capítulo 49). Hasta hoy en día, el Shulján Aruj de Rav Iosef Karo junto a las anotaciones hechas por Rav Moshé Isserles y a los demás comentarios que vendrían en el futuro, dictan la ley judía.

A pesar de que Rav Iosef Karo es conocido hoy en día principalmente por su libro de ley, él también era un místico. No es coincidencia que se haya asentado en Tzfat, pues en ese entonces Tzfat se había convertido en el centro del misticismo judío.

El misticismo judío

¿Qué es el misticismo judío?

El misticismo judío es más conocido como Cábala (1).

La Cábala (“eso que fue recibido”) es una interpretación de la Torá que se enfoca en las enseñanzas esotéricas del judaísmo. De acuerdo a la tradición judía, este nivel de entendimiento de la Torá fue revelado en el Monte Sinaí, pero, debido a su complejidad, fue reservado sólo para unos pocos entendidos. Con el tiempo, la interpretación secreta se fue haciendo más conocida y, finalmente, fue publicada y diseminada (a pesar de que sólo unos pocos podían entenderla).

La obra principal de la Cábala es el Zóhar, el ‘Libro del esplendor’. El contenido de este libro fue revelado por primera vez por Rabí Shimón bar Iojai aproximadamente en el año 100 EC, mientras vivía en una caverna ocultándose de los romanos.

Rabí Moshé de León (1240-1305), un rabino español, fue el primero en publicar el Zóhar, aunque nunca pretendió ser el autor. Más aún, las enseñanzas que publicó no estaban organizadas en un conjunto coherente y, como había ocurrido antes, pocos pudieron entenderlas.

Luego Rabí Moshé Cordovero (1522-1570), de Tzfat, más conocido como el Ramak, apareció en la escena. El Ramak sistematizó racionalmente todo el pensamiento cabalístico de su tiempo, particularmente las enseñanzas del Zóhar. En su obra, Pardés rimonim (‘Huerto de granadas’), el Ramak demostró la unidad subyacente en la tradición cabalística organizando las muchas y aparentemente contradictorias enseñanzas en un sistema coherente.

La base del sistema del Ramak consistió en una descripción detallada de la forma en que Dios creó la realidad por medio de las diez sefirot (canales de energía Divina). Entender estas ‘diez fuerzas’ es la clave en el estudio de Cábala actual.

Sin embargo, quizás la figura más famosa en el desarrollo de la Cábala como la conocemos hoy es Rabí Itzjak Luria (1534-1572), conocido popularmente como el Arí.

El Arí nació en Jerusalem y luego se mudó a Tzfat, llegando allí en el día del funeral del Ramak. Sólo vivió dos años en esa ciudad (murió a los 38 años), pero en ese breve período de tiempo revolucionó el estudio de Cábala. De hecho, sus enseñanzas, que fueron registradas principalmente por su discípulo Rav Jaim Vital, prácticamente definen el estudio de Cábala.

El sistema del Arí era diferente al del Ramak en el sentido que, en lugar de ver a las diez sefirot como puntos unidimensionales, las veía como partzufim (personajes) que interactúan dinámicamente, cada uno teniendo un carácter simbólicamente similar a uno humano.

De acuerdo a su entendimiento, las acciones humanas pueden tener un impacto en las sefirot, que canalizan energía Divina al mundo, y pueden facilitar o impedir el avance de la creación hacia su deseado estado de perfección.

El Arí también hizo avanzar el estudio de la reencarnación, un tema que explicó en Sháar haguilgulim, ‘El portal de la reencarnación’.

Durante este período de tiempo mucha gente fue a estudiar Cábala a Tzfat y, según cuenta la leyenda, los cabalistas, vestidos de blanco, salían a los campos en la víspera de Shabat y cantaban la canción de bienvenida a la reina Shabat: Lejá dodí likrat calá, “Ven mi amado a recibir a la novia” (este famoso poema/canción fue escrito en el siglo XVI por Rabí Shlomo Haleví Alkabetz). El servicio de Kabalat Shabat para recibir el Shabat el viernes a la tarde fue creado en Tzfat en el siglo XVI.

Shabetai Tzvi, el falso mesías.

El misticismo, dado que intenta explicar el significado oculto detrás de los eventos de la historia, suele ser asociado a la esperanza de la llegada del Mesías. Sin embargo, la expectativa mesiánica, que es uno de los Trece Principios de Fe resumidos por Maimónides, puede ser mal encauzada y traerle grandes problemas al pueblo judío.

Esto ocurrió a finales del siglo XVII, y la historia judía de los 150 años anteriores (las expulsiones, la Inquisición, las masacres de Chmielnicki) creó el escenario. La moral judía estaba baja, parecía que las cosas no podrían empeorar. Seguramente había llegado el momento para que el Mesías apareciera al rescate.

En esa época, un supuesto místico llamado Shabetai Tzvi se volvió prominente. Nacido en 1626 en Smirna, Turquía, era sin dudas un hombre brillante y carismático, aunque emocionalmente un poco inestable. Cuando tenía 20 años, los miembros de su comunidad ya le habían dado el título de jajam, que significa “hombre sabio”. Sin embargo, no mucho después, cuando su comportamiento se volvió errático y la gente se dio cuenta de que a pesar de ser brillante era también mentalmente inestable, lo rechazaron.

Comenzó a vagar por Medio Oriente y en 1651 llegó a Gaza, en Israel. Allí conoció a otro supuesto místico cuyo nombre era Natán de Gaza, quien se convirtió en su promotor. Fue Natán quien convenció a Shabetai Tzvi de que era el Mesías y quien comenzó a enviar cartas a todas las comunidades judías diciendo que el Mesías había arribado a Israel.

He aquí un relato de primera fuente de lo que ocurrió a continuación, de una mujer judía de Alemania llamada Gluckel de Hamelín, cuyas memorias nos dan una idea de la vida de la judería europea del siglo XVII. Escribe:

Alrededor de esta época la gente comenzó a hablar de Shabetai Tzvi, pero ¡ay de nosotros, que hemos pecado y nunca vivimos para ver lo que oímos y creímos! Por todo el mundo sirvientes e hijos se vuelven en arrepentimiento, plegaria y caridad por dos y hasta tres años que mi amado pueblo de Israel estuvo en trabajo de parto, pero lo único que generó fue viento.

Nuestra alegría cuando llegan las cartas de Smirna es indescriptible. La mayoría de ellas estaba dirigida a los sefaradíes. Apenas llegaban, las llevaban a la sinagoga y las leían en voz alta. Jóvenes y viejos, los alemanes también se apuraban para llegar a las sinagogas sefaradíes.

Muchos vendieron sus casas, tierras y todas sus posesiones para el día en que esperaban ser redimidos. Mi buen suegro dejó su hogar en Hamelín, abandonó su casa, sus tierras y todos sus buenos muebles. Sabemos bien que el Altísimo nos ha dado la palabra y que no éramos tan malvados, sino realmente píos desde el fondo de nuestro corazón. Estaba segura de que Dios nos tendría piedad. Si tan sólo respetáramos el mandamiento de ‘ama a tu prójimo como a ti mismo’, pero Dios nos perdona por la forma en que lo respetamos. Nada bueno puede venir de los celos y el odio infundado que gobierna nuestras vidas… (2)

En este relato vemos lo ansiosos que estaban los judíos por la llegada del Mesías después de las muchas persecuciones y lo fácilmente que fueron arrastrados por el fervor mesiánico.

Sin embargo, debemos notar que a pesar de que Shabetai Tzvi tuvo un gran número de seguidores en el mundo judío (muchos más de los que tuvo Jesús en su momento), la mayoría de los rabinos europeos, que vieron cómo Shabetai Tzvi estaba cambiando, desviándose o violando la ley judía, no fueron engañados y advirtieron sobre él.

Mientras tanto Shabetai Tzvi, creyendo su propia historia, fue a visitar al Sultán del Imperio Otomano para exigir que lo reconociera como el Mesías. También quería que el Sultán le diera la tierra de Israel.

Sin impresionarse, el Sultán lo arrojó inmediatamente a la cárcel y luego amenazó con torturarlo hasta la muerte si no se convertía al islam.

Entonces Shabetai Tzvi se convirtió. Por esta cooperación recibió un título real, Aziz Mejmed Efendi, y una posición: Cuidador de la puerta del Sultán. Shabetai Tzvi continuó afirmando que era el Mesías, por lo que el Sultán terminó exiliándolo.

Obviamente apenas se convirtió al islam el mundo judío dejó de creer que era el Mesías. De todos modos, algunos judíos no entendieron que habían sido engañados y se convirtieron al islam junto con él. Este grupo, el Doenme, sobrevivió como una secta musulmana especial dentro de Turquía hasta la Primera Guerra Mundial, cuando cayó el Imperio Otomano.

Repercusiones negativas

Como resultado de lo que ocurrió con Shabetai Tzvi, hubo una repercusión negativa que continuó durante muchos años después de su muerte. Los oponentes al movimiento shabateano (el movimiento de los seguidores del Shabetai Tzvi durante su vida y después de su muerte), a quienes nadie había escuchado cuando el fervor mesiánico golpeó al mundo judío, particularmente Rav Tzvi Ashkenazi de Ámsterdam (conocido como el Jajam Tzvi) y su hijo, Rav Yaakov Emden, culparon al misticismo judío por el fiasco. Esta vez la gente los escuchó.

Como resultado de esta repercusión negativa, algunos brillantes cabalistas fueron injustamente condenados, expulsados de la ciudad y sus libros fueron quemados.

Uno de ellos fue el rabino italiano Moshé Jaim Luzatto, conocido como el Ramjal (1707-1747). Él era un cabalista grandioso y un pensador profundo; escribió un libro que en la actualidad se estudia intensamente: Mesilat Iesharim (La senda de los rectos). Las inclinaciones del autor hacia la mística generaron temores de que se tratara de otro falso mesías, por lo que fue expulsado de Italia. Luego llegó a Israel, donde murió a la edad de 40 años.

Su contribución a los estudios judaicos no fue apreciada sino hasta después de su muerte. Rabí Eliahu ben Shlomo Zalman, el Gaón de Vilna (‘Genio de Vilna’), dijo posteriormente sobre las obras del Ramjal que su entendimiento del judaísmo era perfecto y que, si el Ramjal hubiera estado vivo en la época del Gaón, este hubiera viajado desde Vilna a Italia para sentarse a los pies del Ramjal y aprender.

Sin embargo, si bien el Gaón de Vilna alababa al Ramjal, condenó a otro brillante rabino cuyas enseñanzas estaban basadas en la Cábala: el famoso fundador del movimiento jasídico, el Báal Shem Tov. Esta historia vendrá a continuación.


Notas:

(1) Debido a que por definición es esotérico, ningún relato popular (incluyendo a este libro) puede proveer una explicación precisa y completa de la Cábala. Y dado que alcanzar un dominio profundo del texto de la Cábala es inmensamente difícil, su estudio tradicionalmente ha estado limitado a los eruditos más ancianos que ya habían dominado el estudio de la Torá Escrita y Oral. Como la Cábala es asociada al misticismo judío siempre ha sido un tema atrayente para las masas, tal cual vemos en la actualidad. El problema es que para entender verdaderamente la Cábala uno debe tener un gran conocimiento de todo el cuerpo de estudio judío: toda la Biblia, la Mishná, el Talmud, el Midrash, etc. (y no hace falta mencionar el dominio de hebreo y arameo). Los intentos modernos de esparcir el estudio de Cábala entre las masas de judíos con escasa educación y hasta entre los no judíos tienen a menudo malas intenciones y son ineficaces y confusos. Tratar de estudiar Cábala con seriedad sin haber primero dominado el resto de la Torá sería equivalente a intentar estudiar astrofísica avanzada sin antes aprender suma y resta.

(2) Ver: The Memoirs of Gluckel of Hameln, (Schocken Books, 1977), pp. 46-47.

Ken Spiro, Aish Latinos